Días malos

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Serie Recuento # 13

No todos los días son tan malos como el de hoy. 

No. 

Hay días mejores, menos melancólicos, menos tristes, menos solitarios. Hay días en los que —incluso— me cuesta recordar mis propias faltas, mis necesidades y mis dolores. Pero, mi triste verdad, es que hoy ha sido un día terrible, lleno de desilusiones,  desencuentros, culpas, miedos y verdades tan difíciles de escuchar que habría podido gritar con tal de no tener que oirlas.

Pero no grité.

Me retiré discretamente a mi soledad, ya bien conocida, y lamenté en silencio todas mis pérdidas de hoy; todas las verdades que ahora no sé cómo manejar, todas las traiciones de aquéllos a quienes mucho amé y todo el amor que no pude dar. 

Hoy, la vida me obliga a preguntarme las cosas que llevo tiempo queriendo evitar, me obliga a enfrentar mi cruda soledad, mi horfandad, mi incapacidad de comprender las razones por las que alguien malgasta el amor y por las que yo alguna vez malgasté el mío. Como si el amor sobrara, como si creciera en las aceras, como si fuera cosa de solo soplar y hacer botellas.

He perdido muchos amores. Amores que suman mucho porque en mi cuenta los incluyo a todos, hasta a los que no han sido románticos. Y cada vez, veo como mi tablero va quedando con menos y menos piezas, muy a pesar de tantos nuevos comienzos, de tanta gente nueva, de tanta vida ya vivida. Y lo peor —creo— es saber que a algunos de mis más preciados amores los he sacrificado por principios, por esa determinación mía de hacer lo correcto, por supervivencia… por amor.

Y hoy los extraño a todos.

Extraño la vida que tuve, los amores que sentí, los sueños que soñé; de una manera extraña, hoy entiendo que no soy la misma, que soy otra muy distinta y que debo despedirme de mi pasado. Debo dejar ir a quienes no quieren seguir a mi lado, debo dejar de poner energía en salvar causas y amores insalvables pues algunas amistades y amores, simplemente, no han nacido para perdurar pues, aquello que es posible matar con pocas palabras estaba ya moribundo.

Pero agradezco a la vida por cada cosa, por cada pérdida, por cada amor vivido, por cada desilusión, por cada error que me enseña a vivir mejor, a amar mejor y a sufrir menos, a sobreponerme más rápido, a aceptar sin negaciones. Y no me disculpo por haber amado, aunque lo haya hecho sin permiso; no me disculpo por ser humana y tener faltas y defectos, no me disculpo por tratar tan dolorosamente de ser cada vez mas Yo y menos la mezcla de todo mi alrededor.

Hoy ha sido un día difícil, pero no todos los días so tan malos como el de hoy.

No.

A veces, la vida se reivindica con algo tan simple como una mirada.

Originalmente publicado en MySpace con fecha 13 de agosto, 2008


Este es el post #13 de la Serie “Recuento”. Para seguir leyendo sobre la serie, puedes continuar al post #14 (último de la serie) “El alma al aire“, puedes leer el post introductorio “Cada novela es un viaje interior“, o el post CERO sobre esta serie “La razón de este viaje interior“, que es en donde hablo del porqué decidí hacer esta serie de publicaciones tan íntimas.


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